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Cuantas veces has dicho eso de “no me puedo quejar” o “no tengo razón de quejarme..”, como respuesta a cuando te preguntan por ¿cómo estás? Cómo te va en la vida?

Si hablo por mí: unas cuantas, o muchas o más bien demasiadas veces… La verdad es que cuando contestamos eso lo hacemos porque así lo sentimos. Pensamos que tenemos lo que otros muchos desean, lo que muchos nunca tendrán aunque lo hayan deseado siempre.

Pensamos que tenemos mucha suerte por poder gozar de una situación en particular.. pero ¿qué pasa realmente dentro de nosotros mismos?

¿A caso tener lo que teóricamente es lo anhelado por el resto es sinónimo de tener que ser feliz?  O aún más si cabe: aunque sea deseado por otros, ¿debe ser lo que yo desee?

Cuando anhelamos algo y no lo tenemos podemos imaginarnos cómo seria nuestra vida con ello, pero no podemos, por suerte, ver algunas de las piedrecitas que en ese camino o al llegar al lugar nos vamos a encontrar. De esas piedrecitas es de lo que quiero hablar hoy y más concretamente en el terreno profesional.

Cuando tienes un trabajo “10” donde todo parece perfecto, donde tienes un buen sueldo, un buen horario, buenas condiciones en general, sin estrés por el que preocuparte…. Ese tipo de trabajo por el que muchas personas harían locuras por tener… pero no te llena… ¿qué pasa? , ¿qué falla? Si no te llena, primero deberías preguntarte por las otras facetas de tu vida, no vaya a ser que te confundas y le eches la culpa al trabajo sin razón.

Una vez descartado que eso pudiera pasar, ya te digo de entrada que te vas a ver en un problema: sí chico, lo TIENES TODO, ¿entonces? Pues entonces puede pasar que te sientas mal, culpable de no valorar el tesoro que tienes, ese tesoro tan reluciente como el oro, pero con un hándicap para ti; ese tesoro no es un lingote, ni un anillo, tiene forma de jaula y tu estás dentro de ella.

Si te encuentras en esta situación, tengo una muy buena noticia: el cerrojo no está echado. Puedes salir de esa jaula. Pero cuidado, no lo hagas sin pensar. Ah! Y otra cosa, esa jaula de oro, en la que estás acomodado, donde ya conoces las cosas buenas que hay y también las que no te gustan… esa jaula es tu zona de confort. ¿Has oído hablar de ella?

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